Estás mirando un local, una nave, una vivienda para alquilar o incluso un pequeño edificio.
La operación te encaja.
El precio también.
Y entonces preguntas:
«¿Lo compro yo o creo una sociedad?»
La respuesta no debería ser automática.
Depende.
Porque antes habría que saber:
→ cuál será el uso del inmueble,
→ si va a generar alquileres,
→ qué volumen de inversión tienes previsto,
→ cómo vas a financiarlo,
→ si existen otras sociedades,
→ de dónde procede el dinero,
→ si pretendes reinvertir beneficios empresariales,
→ y qué quieres hacer con ese patrimonio en el futuro.
Una SL puede ser adecuada en determinados escenarios.
En otros, comprar como persona física puede resultar perfectamente razonable.
Y si ya tienes una estructura empresarial, todavía hay más preguntas:
¿Operativa?
¿Patrimonial?
¿Una nueva sociedad?
¿Dentro de un grupo?
La fiscalidad de una inversión inmobiliaria empieza antes de firmar la compraventa.
No después.
Si mañana fueras a comprar un inmueble para invertir, ¿tendrías claro quién debería comprarlo?
