Cuando hablamos de sociedad patrimonial, casi todo el mundo piensa:
pisos + locales + alquileres.
Pero el concepto fiscal es bastante más amplio.
Una sociedad puede acumular:
→ inmuebles no afectos a una actividad económica,
→ determinadas participaciones y valores,
→ inversiones financieras,
→ fondos, acciones u otros activos,
→ tesorería en determinadas circunstancias,
→ otros bienes no afectos a una actividad empresarial.
Y aquí aparece una cuestión interesante.
Dos sociedades con exactamente el mismo patrimonio pueden no tener necesariamente la misma consideración fiscal.
Porque no basta con saber qué poseen.
Tenemos que analizar también:
para qué se utilizan esos activos, cómo se gestionan y si están o no afectos a una verdadera actividad económica.
Por eso me preocupa cuando escucho:
«Metemos todos los activos en una patrimonial y listo.»
No.
Primero tenemos que saber qué patrimonio tenemos, qué queremos hacer con él y cómo queremos estructurarlo.
Si hicieras hoy una lista de todo el patrimonio que existe dentro de tus sociedades, ¿sabrías distinguir qué está realmente afecto al negocio y qué no?
