Crear una empresa exige años de trabajo. Hacerla crecer, muchos más.
Con el tiempo, alrededor de aquella empresa pueden haberse construido también un patrimonio, varias sociedades, inmuebles, inversiones y, sobre todo, una realidad familiar que probablemente no existía cuando comenzó el negocio.
Sin embargo, hay una decisión que muchas veces se aplaza:
¿Qué ocurrirá con todo ello cuando el fundador ya no quiera —o no pueda— seguir tomando todas las decisiones?
No es únicamente una cuestión sucesoria.
Es una cuestión empresarial, societaria, patrimonial y fiscal.
La continuidad no empieza con una herencia
Pensar en la continuidad de una empresa familiar únicamente cuando llega el momento de transmitirla suele significar llegar tarde.
Antes existen muchas decisiones que pueden condicionarla.
¿Quién debe ser propietario de la empresa?
¿Quién debe dirigirla?
¿Todos los miembros de la familia deben participar de la misma manera?
¿Qué ocurre si uno quiere continuar en el negocio y otro no?
¿Queremos transmitir participaciones o también determinados bienes?
¿Está correctamente separado el patrimonio empresarial del patrimonio familiar?
Son preguntas que no deberían responderse en una notaría cuando llega una sucesión.
Deberían haberse pensado mucho antes.
Ser propietario y dirigir una empresa no son necesariamente lo mismo
Uno de los grandes retos de la empresa familiar aparece cuando confundimos propiedad, gestión y familia.
Un hijo puede ser un excelente accionista y no querer dirigir la empresa.
Otro puede tener capacidad para gestionarla.
Puede existir incluso una dirección profesional ajena a la familia mientras la propiedad permanece en ella.
Por eso, preparar la continuidad no consiste simplemente en decidir quién heredará unas participaciones.
Consiste en determinar cómo queremos que funcione la empresa cuando cambien las personas que hoy la controlan.
El patrimonio también necesita estructura
Con los años, el empresario puede haber acumulado mucho más que participaciones empresariales.
Inmuebles.
Liquidez.
Inversiones.
Sociedades patrimoniales.
Participaciones en diferentes negocios.
Cuando patrimonio empresarial y patrimonio personal han crecido conjuntamente, conviene analizar si su organización actual facilitará o dificultará una futura transmisión.
Porque no todos los activos tienen por qué seguir el mismo camino.
La fiscalidad importa, pero no debería decidir el modelo
La transmisión de una empresa familiar puede estar afectada por importantes consecuencias fiscales y, cuando se cumplen determinados requisitos, por beneficios fiscales específicos.
Pero una planificación patrimonial no debería construirse únicamente para obtener una ventaja fiscal.
Primero debemos decidir qué queremos conservar, quién queremos que participe y cómo queremos organizar la continuidad.
Después analizamos cómo hacerlo de la manera jurídica y fiscalmente adecuada.
Hay conversaciones que conviene tener antes
Una buena planificación puede exigir abordar cuestiones incómodas:
qué miembro de la familia quiere realmente continuar;
qué papel tendrá cada uno;
cómo se tomarán las decisiones;
qué ocurrirá si alguien quiere vender;
cómo se resolverán posibles conflictos;
qué patrimonio debe permanecer vinculado a la empresa;
y qué queremos que ocurra con aquello que hemos construido durante décadas.
No tener estas conversaciones también es una decisión.
Solo que, en ese caso, las respuestas llegarán cuando probablemente exista mucho menos margen para elegirlas.
Planificar no significa retirarse
Este quizá sea uno de los mayores errores al hablar de sucesión empresarial.
Planificar la continuidad no significa que el empresario vaya a abandonar mañana su empresa.
Significa exactamente lo contrario:
seguir teniendo capacidad para decidir hoy cómo quiere que sea el mañana.
Cuanto antes se analice, más posibilidades existen para ordenar sociedades, patrimonio, órganos de administración y relaciones familiares sin necesidad de actuar precipitadamente.
Una empresa puede sobrevivir a su fundador. Pero no por casualidad.
Construir una empresa durante veinte, treinta o cuarenta años merece algo más que dejar su futuro a la improvisación.
La continuidad empresarial también se diseña.
Y quizá la pregunta más importante no sea quién heredará la empresa.
Sino:
¿Qué empresa queremos dejar preparada para cuando llegue ese momento?
Empresa Familiar y Planificación Patrimonial | LGI Global Consulting
En LGI Global Consulting analizamos conjuntamente la estructura empresarial, societaria y patrimonial para anticipar la continuidad de la empresa y ordenar su futura transmisión.
Planificar el futuro no significa dejar de dirigir el presente. Significa poder decidirlo.
