Presentar impuestos no es tener estrategia fiscal
Una empresa puede llevar correctamente su contabilidad, presentar todos sus modelos dentro de plazo y cumplir rigurosamente sus obligaciones con Hacienda.
Y, aun así, no tener ninguna estrategia fiscal.
Presentar impuestos consiste, en gran medida, en declarar las consecuencias de decisiones que ya se han tomado. La estrategia fiscal comienza mucho antes: cuando todavía es posible comparar alternativas, ordenar las operaciones y decidir qué opción encaja mejor con la realidad y los objetivos de la empresa.
Cumplir es imprescindible, pero no es suficiente
Toda empresa debe registrar adecuadamente sus operaciones, formular sus cuentas y presentar sus declaraciones tributarias.
Ese cumplimiento es la base. Sin embargo, se ocupa principalmente de lo que ya ha sucedido:
- Las ventas que ya se han realizado.
- Los gastos que ya se han soportado.
- Las inversiones que ya se han ejecutado.
- Las remuneraciones que ya se han pagado.
- Los dividendos que ya se han acordado.
- Las operaciones societarias que ya se han formalizado.
Cuando llega el momento de preparar el impuesto, muchas de esas decisiones ya no pueden modificarse.
Por eso, una verdadera estrategia fiscal no comienza con la presentación del modelo. Comienza cuando la empresa todavía puede decidir.
La estrategia fiscal se construye durante el ejercicio
Planificar no significa buscar una solución de última hora para reducir el impuesto. Tampoco consiste en generar gastos innecesarios o crear estructuras societarias sin una justificación económica real.
Significa analizar con antelación las consecuencias fiscales de las decisiones empresariales.
Entre otras cuestiones, conviene revisar:
- La previsión de ingresos y resultados.
- La retribución de socios y administradores.
- La posible distribución de dividendos.
- La política de reservas y reinversión.
- Las inversiones previstas.
- La financiación de nuevos proyectos.
- Las operaciones entre socios y sociedades vinculadas.
- Los incentivos fiscales que puedan resultar aplicables.
- La existencia de bases imponibles negativas pendientes.
- La conveniencia de mantener o modificar la estructura societaria.
- La protección de la tesorería y del patrimonio empresarial.
Estas decisiones no deben estudiarse de manera aislada. Una alternativa puede parecer favorable desde el punto de vista del Impuesto sobre Sociedades y, sin embargo, no ser la más adecuada al considerar la tributación personal del socio, las necesidades financieras del negocio o sus planes futuros.
No todas las empresas necesitan la misma estrategia
Dos sociedades con una facturación y un beneficio similares pueden necesitar soluciones completamente diferentes.
Una puede encontrarse en plena expansión y requerir toda su liquidez para financiar el crecimiento. Otra puede acumular excedentes de tesorería que ya no necesita para su actividad ordinaria. Una tercera puede estar preparando la entrada de nuevos socios, una inversión inmobiliaria, una reorganización o la futura venta del negocio.
También influyen otros factores:
- El número y la relación entre los socios.
- Las funciones desarrolladas por los administradores.
- El patrimonio acumulado.
- La existencia de varias actividades.
- Las inversiones presentes o futuras.
- El nivel de riesgo de la actividad.
- Los objetivos personales y familiares del empresario.
- La posible continuidad o transmisión de la empresa.
Por eso, la estrategia fiscal no debe consistir en aplicar automáticamente una fórmula utilizada por otras empresas. Debe partir de un análisis individualizado.
Las decisiones del socio también forman parte del análisis
En muchas pymes, la situación fiscal de la sociedad y la del empresario están estrechamente relacionadas.
Cuando la empresa comienza a generar mayores beneficios, aparecen preguntas importantes:
- ¿Debe aumentarse la remuneración del socio o administrador?
- ¿Conviene distribuir dividendos?
- ¿Qué parte del beneficio debe permanecer en la sociedad?
- ¿Es necesario reinvertir para sostener el crecimiento?
- ¿Dónde deben realizarse las nuevas inversiones?
- ¿Tiene sentido acumular toda la tesorería en la sociedad operativa?
No existe una respuesta universal.
Aumentar la nómina puede trasladar parte de la tributación desde la sociedad hacia la persona física. Repartir dividendos también tiene consecuencias fiscales. Mantener todos los beneficios dentro de la empresa puede ser necesario en determinados momentos, pero quizá no responda a los objetivos patrimoniales del empresario a largo plazo.
La decisión debe adoptarse analizando conjuntamente la situación de la empresa y la del socio, no estudiando cada impuesto por separado.
Esperar al cierre del ejercicio limita las posibilidades
Uno de los errores más frecuentes consiste en revisar la fiscalidad cuando el año está prácticamente terminado.
En ese momento pueden calcularse los impuestos, comprobarse los registros contables y corregirse determinadas incidencias. Pero muchas decisiones relevantes ya se han ejecutado y documentado.
La planificación debe realizarse antes:
- Antes de efectuar una inversión importante.
- Antes de comprar un inmueble.
- Antes de repartir dividendos.
- Antes de realizar operaciones entre sociedades vinculadas.
- Antes de incorporar a un nuevo socio.
- Antes de transmitir participaciones.
- Antes de reorganizar un grupo empresarial.
- Antes de vender o transmitir la empresa.
- Antes de que el patrimonio quede expuesto a los riesgos de la actividad.
Anticiparse permite estudiar las alternativas con tiempo, documentar correctamente las operaciones y comprobar que las decisiones tienen una verdadera lógica económica y empresarial.
Una estructura societaria también debe revisarse
La estructura con la que una empresa inició su actividad no tiene por qué ser la adecuada años después.
El negocio puede haber aumentado su facturación, generado reservas, adquirido inmuebles, desarrollado nuevas actividades o constituido otras sociedades. También pueden haber cambiado los objetivos de sus socios.
Cuando esto sucede, conviene analizar si la estructura actual sigue respondiendo a la realidad de la empresa.
En algunos casos bastará con revisar determinadas políticas fiscales y financieras. En otros, puede ser necesario estudiar una reorganización societaria, la separación de actividades o una estructura holding.
Estas operaciones no deben plantearse exclusivamente por su posible efecto tributario. Deben responder a motivos económicos reales, como facilitar el crecimiento, ordenar distintas líneas de negocio, proteger determinados activos, preparar una inversión o mejorar la continuidad empresarial.
¿Tu empresa cumple o realmente planifica?
Cumplir las obligaciones fiscales es imprescindible, pero no debería ser el final del proceso.
Una empresa que crece, genera beneficios, acumula tesorería o prepara nuevas inversiones necesita revisar periódicamente si sus decisiones fiscales y societarias siguen siendo coherentes con su situación.
En LGI Global Consulting analizamos de forma conjunta:
- La fiscalidad de la empresa y de sus socios.
- La utilización del beneficio.
- La retribución de socios y administradores.
- Las reservas y los incentivos fiscales aplicables.
- Las inversiones actuales y previstas.
- Las operaciones entre sociedades.
- La estructura societaria.
- Los riesgos patrimoniales.
- Los objetivos de crecimiento, reorganización, venta o continuidad.
No proponemos soluciones estándar ni estructuras innecesarias. Primero estudiamos la situación real de la empresa y sus objetivos. Después determinamos qué decisiones pueden resultar adecuadas y en qué momento deben adoptarse.
Presentar impuestos es cumplir con lo que ya ocurrió.
Tener estrategia fiscal es decidir con anticipación lo que debe ocurrir.
