Muchas empresas continúan funcionando con la misma estructura societaria con la que comenzaron, aunque su realidad haya cambiado por completo.
Lo que nació como una pequeña sociedad hoy puede generar beneficios importantes, haber acumulado reservas, disponer de inmuebles, desarrollar varias líneas de negocio o estar preparando la entrada de nuevos socios.
La empresa ha crecido. Sin embargo, su estructura no siempre ha crecido con ella.
Revisarla no significa crear sociedades innecesarias ni buscar fórmulas fiscales artificiales. Significa comprobar si la organización jurídica, fiscal y patrimonial de la empresa sigue respondiendo a sus necesidades actuales y a sus planes de futuro.
Señales de que la estructura puede haberse quedado pequeña
El crecimiento empresarial no se mide únicamente por la facturación. También se refleja en la complejidad de las decisiones que deben tomarse.
Conviene revisar la estructura cuando se produce alguna de estas situaciones:
- La sociedad acumula beneficios y reservas que no se necesitan inmediatamente para la actividad.
- Se pretende reinvertir parte de esos beneficios en nuevos negocios o proyectos.
- La empresa ha comenzado a comprar inmuebles u otros activos patrimoniales.
- Dentro de una misma sociedad conviven actividades con riesgos diferentes.
- Se plantea incorporar a hijos, nuevos socios o inversores.
- El empresario estudia adquirir otra compañía o crear una nueva línea de negocio.
- Se prevé vender una actividad o una participación empresarial.
- Todo el patrimonio empresarial se encuentra expuesto al riesgo de una única sociedad.
- Existen varias sociedades, pero funcionan sin una organización conjunta claramente definida.
Ninguna de estas circunstancias significa automáticamente que deba constituirse una holding. Sí indica, en cambio, que ha llegado el momento de analizar la estructura.
El beneficio no es el único dato importante
Dos empresas con el mismo beneficio pueden necesitar soluciones completamente diferentes.
Una puede distribuir anualmente sus resultados entre los socios. Otra puede querer reinvertirlos, adquirir inmuebles, abrir nuevas sociedades o preparar una futura venta.
Por eso, antes de recomendar una reorganización, es necesario conocer:
- De dónde proceden los beneficios.
- Qué destino se quiere dar a las reservas.
- Qué activos posee la sociedad.
- Qué riesgos presenta cada actividad.
- Quiénes son los socios y cuáles son sus objetivos.
- Si está prevista la entrada o salida de personas del capital.
- Qué quiere hacer el empresario dentro de cinco o diez años.
La estructura adecuada no depende de una fórmula estándar. Depende de la situación real de la empresa y de la estrategia de sus propietarios.
¿Qué aspectos deben analizarse?
1. La actividad empresarial
Es necesario determinar si existe una sola actividad o varias líneas de negocio diferenciadas. Mantenerlas dentro de la misma sociedad puede ser sencillo inicialmente, pero también puede concentrar riesgos y dificultar una futura venta, separación o entrada de inversores.
2. Los beneficios y las reservas
Cuando una empresa genera resultados de forma recurrente, debe decidirse si esos recursos se distribuirán, permanecerán en la sociedad operativa o se destinarán a nuevas inversiones.
Esta decisión tiene consecuencias fiscales, financieras y patrimoniales. No debería adoptarse considerando únicamente el ahorro fiscal inmediato.
3. El patrimonio acumulado
Los inmuebles, inversiones financieras y otros activos ajenos a la actividad principal merecen un análisis específico.
La sociedad que desarrolla el negocio y asume su riesgo comercial no siempre tiene que ser la misma que concentra el patrimonio construido durante años.
4. Los socios y el futuro de la empresa
La incorporación de familiares, directivos o inversores puede exigir una organización diferente del capital y de los derechos de decisión.
También conviene anticipar posibles salidas, transmisiones de participaciones o procesos sucesorios. Cuando estas situaciones se planifican con tiempo, existen más alternativas que cuando ya se ha producido el conflicto o la necesidad de vender.
¿Qué soluciones pueden plantearse?
Después del análisis, puede concluirse que la estructura actual continúa siendo adecuada. Revisar no implica necesariamente cambiar.
En otros casos puede resultar conveniente:
- Reordenar las relaciones entre socios y sociedad.
- Separar actividades con riesgos diferentes.
- Crear una sociedad para una nueva línea de negocio.
- Separar determinados activos de la sociedad operativa.
- Diseñar una estructura holding.
- Organizar una sociedad patrimonial dentro de un grupo.
- Ejecutar un canje de valores, una aportación no dineraria o una escisión.
- Preparar la estructura para la entrada de inversores, la sucesión familiar o una futura venta.
Cada alternativa tiene requisitos mercantiles, contables y fiscales propios. Además, cuando se pretende aplicar el régimen fiscal especial de determinadas operaciones de reestructuración, la operación debe responder a verdaderos motivos económicos y cumplir las condiciones previstas legalmente. La normativa excluye su aplicación cuando la finalidad principal sea el fraude o la evasión fiscal y, en particular, cuando no existan motivos económicos válidos, como la reestructuración o racionalización de las actividades empresariales.
Una holding no es siempre la respuesta
Crear una holding puede ser adecuado cuando existe una verdadera estructura empresarial que organizar, beneficios que reinvertir, varias sociedades que coordinar o una estrategia patrimonial y sucesoria que desarrollar.
Pero no debe recomendarse de manera automática.
Una estructura innecesaria puede generar más costes, obligaciones y complejidad sin aportar una ventaja real. Por eso, la pregunta correcta no es simplemente “¿puedo crear una holding?”, sino:
¿Qué estructura necesita mi empresa para proteger lo construido y facilitar su siguiente etapa?
El momento adecuado para revisar
La estructura debería analizarse antes de:
- Comprar un inmueble desde la sociedad operativa.
- Constituir una nueva empresa.
- Incorporar a un hijo o a un nuevo socio.
- Admitir la entrada de un inversor.
- Vender una actividad o unas participaciones.
- Distribuir una cantidad importante de reservas.
- Separar líneas de negocio.
- Realizar una reorganización societaria.
Cuando la operación ya se ha ejecutado, las posibilidades de corregirla suelen ser menores y más costosas.
Cómo trabajamos en LGI Global Consulting
En LGI Global Consulting analizamos conjuntamente la situación fiscal, societaria, financiera y patrimonial de la empresa.
Nuestro trabajo comienza comprendiendo la estructura existente, los beneficios acumulados, los activos, los riesgos y los objetivos de los socios. Solo después determinamos si conviene mantenerla, modificarla o diseñar una reorganización.
No partimos de una solución predeterminada. Partimos de la empresa.
Puedes conocer nuestro servicio de estrategia fiscal y societaria y, si tu empresa necesita una organización más amplia, nuestro asesoramiento en holding y patrimonio empresarial y reorganizaciones societarias.
¿Tu empresa ha crecido, pero continúa con la estructura con la que comenzó?
Podemos analizar si esa estructura sigue siendo adecuada para sus beneficios, su patrimonio y sus próximos proyectos.
Azucena Bueno Cosme
Consultora estratégica empresarial
Fundadora de LGI Global Consulting
