Tu empresa es tuya.
Trabaja tu marido o tu mujer.
Tus hijos empiezan a incorporarse.
Lleváis veinte años construyéndola.
Para vosotros está clarísimo:
«Somos una empresa familiar.»
Pero fiscalmente eso no basta.
Cuando hablamos de empresa familiar a efectos fiscales entran en juego una serie de requisitos que pueden ser determinantes para acceder a determinados beneficios fiscales.
Entre otras cuestiones habrá que analizar:
→ qué actividad desarrolla realmente la sociedad,
→ cómo está compuesto su patrimonio,
→ qué porcentaje posee la familia,
→ quién ejerce las funciones de dirección,
→ y cómo se remunera esa dirección.
¿Por qué es importante revisarlo?
Porque puede tener consecuencias muy relevantes en el Impuesto sobre el Patrimonio y en una futura transmisión de la empresa mediante donación o sucesión.
Y aquí está el problema:
muchos empresarios empiezan a estudiarlo cuando ya quieren transmitir.
Cuando llevas 20 o 30 años construyendo una empresa, probablemente merece la pena saber antes si la estructura que tienes permitirá algún día transmitirla como habías previsto.
¿Tus hijos están empezando a incorporarse al negocio?
Ese puede ser precisamente el momento de revisar la estructura.
