La planificación fiscal empieza mucho antes de presentar una declaración
Muchas empresas tienen sus obligaciones fiscales perfectamente atendidas.
Presentan el IVA. Las retenciones. El Impuesto sobre Sociedades. Depositan sus cuentas y cumplen sus obligaciones formales.
Y, sin embargo, no tienen una estrategia fiscal.
Porque cumplir con Hacienda y planificar fiscalmente una empresa son dos cosas diferentes.
Cuando llega el momento de presentar un impuesto, buena parte de las decisiones que determinarán su coste fiscal ya se han tomado.
La verdadera planificación comienza antes.
La fiscalidad también forma parte de la decisión empresarial
Una empresa genera beneficios y decide qué hacer con ellos.
Puede mantenerlos en la sociedad, distribuir dividendos, destinarlos a nuevas inversiones, financiar otra actividad, adquirir inmuebles o utilizarlos para desarrollar una nueva línea de negocio.
Cada alternativa tiene consecuencias empresariales, societarias y fiscales diferentes.
Lo mismo ocurre cuando se plantea incorporar un socio, crear una nueva sociedad, comprar otra empresa, transmitir una participación o separar una actividad del negocio principal.
Por eso, una estrategia fiscal adecuada no debería preguntarse únicamente:
“¿Cuánto voy a pagar?”
Debería preguntarse antes:
“¿Cómo conviene estructurar esta decisión?”
El problema de planificar cuando el ejercicio ya ha terminado
En muchas empresas la fiscalidad se analiza a posteriori.
Se cierra el ejercicio, se calcula el resultado y entonces aparece la pregunta:
“¿Qué podemos hacer para reducir el Impuesto sobre Sociedades?”
Pero en ese momento el margen de actuación puede ser mucho menor.
Las operaciones ya se han realizado.
Los contratos ya se han firmado.
Las inversiones ya se han ejecutado.
Los beneficios ya se han generado.
La planificación fiscal eficaz consiste precisamente en analizar las consecuencias antes de ejecutar determinadas decisiones, no en intentar corregirlas cuando ya están reflejadas en la contabilidad.
Beneficio empresarial no significa necesariamente dinero disponible para el socio
Esta es otra confusión frecuente.
Una sociedad puede generar beneficios importantes y acumular liquidez, pero ese dinero pertenece a la sociedad.
Cuando el empresario quiere trasladarlo a su patrimonio personal aparecen distintas alternativas —retribuciones, dividendos u otras operaciones— cada una con sus propias implicaciones fiscales y societarias.
Por eso, antes de decidir cómo extraer beneficios conviene hacerse otra pregunta:
¿Realmente necesito ese dinero en mi patrimonio personal o quiero reinvertirlo?
La respuesta puede cambiar por completo la estrategia.
Reinvertir también exige planificación
Cuando los beneficios van a permanecer dentro del ámbito empresarial, empieza otra conversación.
¿La inversión debe realizarla la propia sociedad operativa?
¿Conviene desarrollar la nueva actividad en otra sociedad?
¿Tiene sentido separar determinados activos del riesgo empresarial?
¿Existe ya un grupo de sociedades que debería reorganizarse?
¿Puede resultar adecuada una estructura holding?
No existe una respuesta universal.
Una estructura que tiene sentido para una empresa puede ser innecesaria para otra.
Y precisamente por eso la planificación debe partir de la realidad económica y de los objetivos del empresario, no de una estructura predeterminada.
Una holding no es una estrategia fiscal por sí sola
Crear una sociedad holding puede ser una herramienta extraordinariamente útil en determinados grupos empresariales.
Puede facilitar la organización de participaciones, la reinversión de beneficios dentro del grupo, la separación de actividades, determinadas operaciones corporativas o la planificación futura del patrimonio empresarial.
Pero constituir una holding sin una razón empresarial detrás no convierte automáticamente una estructura en eficiente.
Primero se define qué queremos conseguir.
Después se determina qué estructura permite conseguirlo.
Y finalmente se analiza el tratamiento fiscal de las operaciones necesarias para implementarla.
No al revés.
Hay decisiones que deberían analizarse antes de ejecutarse
Especialmente cuando una empresa está creciendo, existen determinadas decisiones que justifican una revisión previa de sus implicaciones fiscales y societarias:
- Distribuir beneficios relevantes.
- Comprar inmuebles desde la sociedad.
- Iniciar una nueva línea de actividad.
- Crear o adquirir otra empresa.
- Incorporar nuevos socios.
- Realizar inversiones con excedentes de tesorería.
- Transmitir participaciones o activos.
- Reorganizar varias sociedades existentes.
- Preparar una futura venta o sucesión empresarial.
No significa que todas estas operaciones requieran estructuras complejas.
Significa que merece la pena conocer sus consecuencias antes de realizarlas.
De presentar impuestos a dirigir fiscalmente una empresa
Una empresa puede cumplir perfectamente todas sus obligaciones tributarias y, al mismo tiempo, estar tomando decisiones sin haber analizado previamente su impacto fiscal.
La diferencia está en el momento.
La gestión fiscal mira principalmente a lo que ya ha ocurrido.
La planificación fiscal incorpora también lo que va a ocurrir.
Y cuando una empresa alcanza cierto volumen de beneficios, patrimonio o complejidad societaria, esa diferencia empieza a ser importante.
Porque la fiscalidad no debería aparecer al final de una decisión empresarial.
Debería formar parte de ella desde el principio.
Estrategia fiscal y societaria | LGI Global Consulting
En LGI Global Consulting analizamos conjuntamente la situación empresarial, societaria y patrimonial para diseñar estructuras coherentes con los objetivos presentes y futuros de la empresa.
Antes de tomar una decisión con impacto fiscal o societario, analizamos cómo estructurarla.
